martes, 28 de octubre de 2014

Escrito,Desempleo y... Oscar Cusano

Anatomía de mi Ex Futura Salud.

“Todo nuestro conocimiento tiene su principio en los sentimientos”
                                                         Leonardo Da Vinci.

 Señores representantes del pueblo: 

Desde que llegué a España el 12 de octubre de 2002, sólo recibí bondades y muestras de cariño.
Años antes, durante la década de los 90´ en Argentina, ayudé a tres buenos estudiantes españoles a cursar un año duro en su conquista personal de ser pilotos de avión. Les dí mi casa, mi amistad, los paseos por la costanera, las charlas pacificadoras necesarias en la juventud, o mis llamadas por teléfono para tranquilizar a sus padres en Madrid, Vigo y Murcia.
Cuando sucedió el desastre económico en la Argentina, pasé de un próspero comerciante a ser  un despreciable montón de despojo humano. Aún no sé como sucedió, me culpé mucho tiempo hasta que comprendí que un millón de comercios se habían desplomado de la nada.
“Mi casa es tu casa”, me dijo Iñaki una tarde por teléfono.
Las personas creamos lazos mucho más interesantes y  superiores que los países.
Vivo en España desde hace 12 años, he trabajado, padecido, alegrado, entristecido como cualquier hijo de vecino, pero eso sí, jamás he pedido ni abusado ni utilizado ninguna ayuda social, descreo de las ayudas excepto en personas que realmente sí lo necesitan y que sería muy sencillo, si vuestras señorías trabajaran para ello. Identificar la paja del trigo, como todo, es una decisión política.
Para sorpresa de muchos compañeros de trabajo, en el 2011 alcancé a montar un comercio, allí pude palpar la cantidad de gente que vive de los autónomos, bastaría con cruzar información de otros países para que la gente independiente se diera cuenta de la cantidad de papeles, impuestos, cánones, secretarías, oficinas, que NO se hallan en otras latitudes o son solucionados con metodologías más simples.
Porque sinceramente, ahora que se cargan las tintas con los tan buscados emprendedores, entiendo la razón de su escasez.
Allí pude ver como numerosas asistencias van a parar a manos de los que más tienen, por increíble que parezca las multinacionales están plagadas de beneficios sociales, conforman un surtido de  sub empresas que recogen todas y cada una de las ayudas que la administración dispone, sin ningún rubor, aunque sus cuentas den beneficios siderales.

El negocio no fue bien, no importan los motivos, existe pero sin mí, no está mal pues he logrado preservar varios puestos de trabajo para mis compañeros, a quienes pagaba constantemente en fecha aunque yo no cobrara. Cuando se atraviesan las aguas primeras en la creación de un comercio hay que dar el ejemplo, siempre, al menos yo pienso así.
El destino quiso que volviera a quedarme sin nada, después de doce años, de doce mil kilómetros, otra vez en la calle, y sin paro.
Consecuente con mi forma de pensar tampoco fui a pedir asistencia, hay muchos padres desesperados que atender, y si bien no soy un gladiador de la vida, aguanto con estoicismo los principios que mi abuelo italiano me enseñó: “el diablo se asusta de los que tienen paciencia fundadora”.
Por inaudito que parezca, no existe en mí el signo del menor miedo, no puede uno morirse dos veces por dentro.
Yo no vine por dinero, no era eso, me rebelé contra las infames diferencias sociales de mi antiguo estado, quise desintoxicarme de aquella maldad.
Por eso hoy, después de tantos años, cuando fui a retirar mi nueva tarjeta de salud, vaya asombro cuando me respondieron:

“Tú no existes, no te veo en la lista,  no figuras en el sistema, no te tengo”
Me recordó al dictador Videla diciendo: “el desaparecido es una incógnita, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está de-sa-pa-re-ci-do”, entonaba el general para pretender suministrar un sortilegio a la palabra más propia de magos que de gobernantes.
“De ahora en adelante se te facturará cualquier servicio que utilices”, me dijo el señor administrativo, muy amablemente y con cierta preocupación de su parte, debo decirlo.
Vaya, muy bien, no se preocupen camaradas, de verdad que no pasa nada.
He aprendido a vivir con poca cosa, después que se franquean los cincuenta años la existencia es más despejada, “ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía” decía García Márquez, y la mía está repleta de amor.
Ahora mi cuerpo ha recibido el mensaje que no puede enfermarse, como un mandala, gracias a ustedes, se los debo, sé perfectamente que nadie va a preocuparse, no tienen por qué, es sólo otra decisión política.

Pasolini decía que la nueva ideología era el consumo, que en realidad lo que nos unifica a todos, tanto a la derecha como a la izquierda y antes que sus partidos, es el consumismo. El fascismo basaba su dominio en  la iglesia y el ejército para gobernar, eso ya no es nada comparado con el imperio consumista de la televisión, por dar un ejemplo, expresaba el magnífico director.
De acuerdo a esta premisa, el nuevo dogma a desentrañar es el consumismo porque  la ideología fue sobrepasada, “consumir” está por encima del recapacitar en la manera de hacerlo, de una u otra forma las ideas no se plantean en términos de sociedad, sino de sociedad de consumo.
En esa sociedad de consumo no hay pacientes, hay clientes.
Si esto es así, ¿qué escritura mental o símbolos elaboran quienes los conciben, y qué réplicas se organizarán en el espejismo psíquico de los que debemos obedecer su cumplimiento?

Según Wright Mills, la imaginación sociológica es una cualidad mental que nos ayuda a procesar la información y desarrollar una  razón más lúcida para conseguir entender lo que ocurre en nuestro entorno y en nosotros mismos, con ella percibimos o captamos la interrelación entre el hombre y su sociedad o las transformaciones que van desde las más remotas o impersonales a las más íntimas.
El problema que observo a mediano plazo, es que si las personas que legislan o dirigen una nación, pierden, o deciden  perder por interés materialista  la orientación con su época, negando transformaciones casi obvias ya vividas, queriendo retrotraer del pasado recetas o fórmulas de un sistema ridículo de mala coexistencia, de poca paz a simple vista, si se quiere separar por castas al resto del conjunto nacional, eso  quiere decir que su visión sociológica se ha vuelto nula. Sinceramente ellos creen que no importa y que pueden saltarse esa norma de aparente unión mínima  sin sufrir ninguna obligación posterior. Su fantasía consiste en que nadie podrá tener la suficiente coalición para enfrentarlos, pues discrepo, nadie puede escapar de la tragedia y la miseria empujará, sin remedio.
Si echas a rodar las piedras del destino desafiando los valores comunes de la gente, a los signos y grafías de sus dictámenes, a sus emociones, vas a enfrentarte finalmente con tu pueblo, nada menos que a los ciudadanos que pagan las nóminas y servicios que sustentan a esas mismas instituciones que simbolizas, de las que te has apropiado porque son una ganga ventajosa y porque son las columnas que sostienen al capitalismo.
Es entonces cuando surge la apatía, la indiferencia, y exactamente ahí mismo donde comienza la decadencia, pueden sobrevivir un tiempo, años, no importa, en un momento de la historia todo se detiene y se pasa al siguiente estado de conocimiento, es decir, las iconografías de los abuelos antes buenas o positivas, pasan ahora a ser nefastas y perjudiciales para las nuevas generaciones. No digo nada nuevo.
En ese mundo de representaciones, “No es posible tener imágenes nítidas cuando hay ideas difusas”, decía Jean-Luc Godard, porque no existe un pensamiento en la gente que no provenga de sus sentimientos, como igualmente, esas mismas personas se quedan sin preguntas cuando las respuestas se suceden una y otra vez  con una clara insuficiencia de mensajes sin fe. La carencia de certeza implica llanamente un directo camino al  desorden, como igualmente genera caos  el castigo injusto generalizado.
Realmente a veces me pregunto quién aconseja a sus eminencias, claro que ganarán al principio mientras la gente no lo perciba, pero ¿qué inmediata reacción tendrá después? Es de manual.
Me da un poco de vergüenza tener que hablar de cuestiones comprobadas hasta el cansancio en pleno siglo XXI, y que el parlamento europeo, con  tantos y costosos asesores invocando la inteligencia emocional, no vea este problema, excepto por supuesto, que se desentierren anticuadas doctrinas con otras intenciones sin avisarnos hoy, para ocultarnos hacia dónde se dirigirán mañana, con lo cual estaríamos ante un problema mayor, o ¿están pensando encarcelar a media Europa del sur  para reintegrarse una deuda privada y que desde ya les adelanto es incobrable?. O quizás, que vuestro dios no lo permita,  estén madurando en volver a crear campos de concentración para deudores, eso sí, a decir de los ortodoxos economistas germanos de otras épocas (¿o de esta?): una mano de obra excelentemente productiva y…baratísima.
Señores, estimados políticos, los caminos del señor son infinitos, misteriosos, y más con el arribo de “San Google”, de “Santa Youtube”, de los cientos de miles de registros de la fotografía o vídeo que sacan en vivo y en directo nuestras dudas más subjetivas y  quitan las máscaras de aquellos que quieren tapar el cielo con las manos. La avaricia, en el fondo, no es más que un simple acto  malicioso, y más cuando decide  la vida o muerte de los individuos.

Yo, aquí y ahora, no tengo cobertura médica, ni cobro ninguna prestación desde hace cuatro largos años, mi vida dependerá más del personal hospitalario, menos mal, que del arbitraje o predestinación de sus excelencias.
Dependemos, sin saberlo, de sentimientos propios y ajenos: “Todas las constituciones, leyes y políticas de un país son el resultado de los   sentimientos razonados y acordados de común acuerdo, es un compromiso entre representantes y representados con la realidad humana de su tiempo presente”, que bonito, ¿verdad que sí?, Bueno, eso debería ser, aunque sabemos que siempre fue manipulado, claro, que fácil es escribir literatura de ocasión para engañar sin anestesia a poblaciones enteras.
Pero así y todo, aquellas medidas que no se armonicen con  la interpretación de las imágenes del bien o el mal de la mayoría, nunca perdurarán, siento desilusionarlos, pero la palabra “recorte” inmediatamente nos genera el retrato de más pobreza, y un algo más, un especie de sexto sentido popular, quizás la vieja memoria de los abuelos que no se rindieron nos dice que no estamos equivocados, algo muy superior que los tristes y tendenciosos medios de comunicación que, como si fuera el colmo,  son mantenidos y enriquecidos por el mismo pueblo que traga saliva y los aguanta.
Si el capitalismo va a fagocitarse a sí mismo por egoísmo de su mezquindad, los pueblos deberán demostrar al mundo la llegada de un nuevo modelo.
Necesitamos  enfrentar el envejecido prototipo de dominación por el mercado de las armas   y dejar paso a la práctica de la aprobación de todos los sectores, de la competividad sin final al cooperativismo del bien común, de la arbitrariedad inconstante a la facultad inquebrantable del derecho.
Nos urge la llegada de un nuevo renacimiento de l@s trabajador@s.
La mayoría está preparada, sus imágenes internas lo están, el uso indiscriminado de la  violencia revela sin remedio la ira de quien no tiene la razón.
Nos pegan y encarcelan porque no tienen la razón.

La mañana que pulverizaron mi nombre de las listas de “pacientes” para incluirla en la lista de “clientes” en la Valencia donde aún se respira el espíritu de la antigua ciudad íbera, romana, visigoda, árabe, cristiana, la franquista  y la supuestamente democrática, un doctor se acercó a preguntar qué sucedía.
¿Cusano?, ¿tu apellido es Cusano?, como Niccolo Cusano, Leonardo se hacía atender por “il Cusano médico” en Milán…
No señor, mi familia era del sur: una parte pugnaba por sobrevivir como campesinos en Basilicatta, y la otra desafiaba el viento de la Patagonia obrera.

Acaso exista en el sur de nuestras conciencias la predisposición para merecer la mejor dignidad posible en la civilización.
Yo lo tengo claro, o se alcanza ese nuevo paradigma o se rompen todas las leyes de convivencia en occidente.

Dejad de pedir permiso, nunca obedezcas.

Organízate y lucha.


Oscar A.Cusano,  Asamblea de Parad@s y Precari@s de la CGT Valencia.

                                                                                  

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